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Pluriversalia

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Eras huidiza y gris,…

 

 

 

por la montera devorada





I


Eras huidiza y gris, para el hombre acongojado,
como la hila de la nube, que empuja el terral contra el ramaje.

Buscabas, sin embargo, la presencia
con el instinto aéreo de no ser tocada y de posarte;
era tu participación,
conmovedoramente distante sobre el hombro o los cabellos,
en el éxtasis
de la lectura o la tertulia nocturnas;

o en el del patio, el abra
donde como un bajel que ya nunca zarpará,
te adormecías bajo la marina mínima e izada,
desleída
o prieta en el adviento del oraje.

No te alarmaba ya esa fuerza hostil,
ni te imanaba la ablución en la bonanza.

Quien te sostenía, asilaba;
mecía tu ensimismamiento, como una criatura remota,
en otro reino.




II


El oro está aún aquí,
para migar la terneza fluida de la lumbre:
los granos, las cortezas a las que te acercabas
con una dignidad que conmovía…

En el hostigo de la luz, en lo ciego, pienso que piensas de ti
y la luz se hace entonces la voluta
de un manjar
radical,
en cuyo centro se pierde
tu alma manjolada.




III


De esta granada abierta, eres quien se ha excluido,
eres lo excéntrico
y encarnado.

Lo supo la cachorrita del juguete cruento,
participial, que incorporaba
con esa exactísima inocencia que sólo desmesura
la incomprensión del hombre, aunque cobije
otras criaturas en su alma y en su casa?

Porque no eres, –no puedes haber sido…–, la siega
de una ‘segunda’ crueldad…

Tus ojos habían aprendido a no azorarse,
a vaciarse de mundo;
habían, tan trabajosamente, aprendido
a no azogarse sino en la restitución de un orden
que anublaba lo hostil:

qué para la hoz, entonces, sino la insensibilidad
o el vértigo?

Y yo soy, quien desde aquel ya lejano día de mi mano
y tu agonía,
todo te dio y, desdichado
simultáneamente todo te quitó:
armándote para la vida, o para algo que fue al fin de cuentas
‘una’ vida,
o para lo que necesitamos entender como ‘la vida’,
mi negligencia te devolvió por un rodeo,
mas del zureo aun, imbele
a la primera inminencia.

En mí
no desaíne el tiempo tu forma irrepetible.

 

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