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Pluriversalia

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Letrilla [***]

 

 



Que Silvia ame a María
como al sol el mediodía,
bien puede ser;
que crezca a Ernesto el pecho
y no quiera andar derecho,
aun puede ser;
mas que los tres por igual
digan que es “lo natural…”,
no puede ser.

Que sea el burro graduado,
con menciones publicado,
bien puede ser;
y aun que llegue a doctor
con cursos al por mayor,
bien puede ser;
mas que el cargo al rector dé
la silla de un comité,
no puede ser.

Que en este tiempo tan loco
alguien se equivoque un poco,
bien puede ser;
mas que el sueño que tuviste
diga un nobel que no existe,
no puede ser.

Que a Eros frustre un galán
y lo asocie en un diván,
bien puede ser;
que un muy necio lo analice
y otro más lo supervise,
bien puede ser;
y que se canse el paciente
de tanto hacerse presente,
aun puede ser;
mas que digan que es locura
querer acabar la cura,
no puede ser.

Que con renglón trunco asista
éste a más de una revista,
bien puede ser;
mas que por la línea prieta
crea ya que es un poeta,
no puede ser.

Que haya sido un dirigente
dialéctico consecuente,
bien puede ser;
y que a la U.R.S.S. visitara
más que a su tía Clara,
aun puede ser;
mas que nos diga hoy día
que todo ha sido Utopía,
no puede ser.

Que del dólar la deidad
dé al peso la paridad,
bien puede ser;
mas que él crea a esta altura
ser también moneda dura,
no puede ser.

Que formar se encuentre lógico
tanto experto pedagógico,
bien puede ser;
mas que sólo aprenda el nieto
con su abuela el alfabeto,
no puede ser.

Que sea la empresa privada
la vianda tan alabada,
bien puede ser;
mas que alguien con la alabanza
no nos arruine la panza,
no puede ser.

Que aquél contra la pared
navegue en Internet,
bien puede ser;
mas que el náufrago maniático
llame al browser “democrático”,
no puede ser.

Que autárquica y femenina
se eche Claudia alguien encima,
bien puede ser;
mas que porque a ella le cuadre
no sepa el hijo del padre,
no puede ser.

Que haga un inversor la ruta
y pague quien la disfruta,
podría ser,
mas por que ésta no se raje
tener que pagar peaje,
no puede ser.

Que estatal la burocracia
simbolice la desgracia,
bien puede ser;
mas que ajeno sea el destino
como el correo argentino,
no puede ser.

Que sea el orbe aldea
para la humana odisea,
bien puede ser;
que todo se decuplique
y global se simplifique,
aun puede ser;
mas que detrás de uno y cero
no haya aquí un patio trasero,
no puede ser.


[1997]

_______________________

***  Interrogado poco tiempo atrás por un querido y bien intencionado amigo acerca de cómo veía yo la publicación de las catorce estrofas de esta Letrilla (un calco formal evidente de la famosa de Góngora «Que pida a un galán Minguilla…» [1581]), escrita en 1997, sobre todo en lo concerniente a la primera –yo mismo añadí de inmediato la undécima a su comentario–, dadas las condiciones ideológico-discursivas e incluso políticas imperantes en lo que se refiere a la sexualidad, respondí que, si bien era consciente de que ambos pasajes podían resultar urticantes para determinadas personas y, aún más, hoy en día que cuando fueron escritas, en absoluto consideraba la posibilidad de quitar el poema de una eventual publicación en el presente; y eso por razones muy concretas: 1. porque se trata de una sátira, género que, por definición, supone siempre un distanciamiento crítico, por lo general no carente de ironía; 2. porque el poema no es monotemático, sino que pretende desplegar una suerte de friso de temas relevantes en la vida social del momento (desde el carácter de los doctorados en el orden académico, pasando por determinadas prácticas psicoanalíticas locales, ridículas ‹consecuencias› de la caída del bloque soviético o la política de paridad monetaria (el ‹1 a 1›), hasta la privatización del Correo); 3. porque ruego a quien se sienta impulsado a objetar las estrofas mencionadas, que, antes de esgrimir sus reparos, se tome al menos un minuto en considerar con atención, dónde, con referencia a qué, dice el estribillo bien puede ser (concesivo), y dónde no puede ser…: nada tengo, en lo personal, contra la homosexualidad; tengo, sí, mis reservas frente a la exaltación modélica de una sexualidad, en este caso, de la homoerótica, hoy (sospechosamente) enaltecida por los medios, más allá de la justa vindicación de su secular sojuzgamiento.

 

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