Su forma halla en lo abierto que la ciega...

 

 

 A un ave, dormida sobre una flor, que luego vuela



Su forma halla en lo abierto que la ciega
–la linde ya a los ojos enhebrada–
cuando persiste sola, obstinada,
en posarse en la flor que no doblega.

El abismo en su entraña tensa inspira,
si abandonada en sueño languidece,
sobre el tallo impetuoso que la mece,
y racimada en su haz ya sólo gira.

Hiende indócil el plexo en el viento,
despliega su noble ópalo impávida
cuando virtuosa irisa su acento;

si al prisma mira, sólo más aliento
la asciende, y de altura o muerte grávida,
queda florece en su ebrio encantamiento.