Mirada

 

 

 

¿De zafiro se alza en su pureza
a rodear rigurosa la belleza?

¿Adónde se fascina y reposa
con la culta avidez de mariposa?

La esencia de la gracia adivina
allí donde arrecia la espina.

Pues es de oro el espíritu en su vuelo
cuando desciñe su aura o su velo.

 

Este enigma de belleza arraiga
en asirla, soltarla y que no caiga.

 

Intuyes en la otra margen suelta
la lengua de tu mar que te es devuelta.

Allí te escindes, en el agua tersa
donde olvido de ti ya te dispersa.

 

¿Y el campo, los cercados y las bestias?

 

Y derivas allí, mas no zozobras,
en la onda vacilante donde obras.

En el ápice breve de esa cima
nace y reverbera, se arracima

tu alba en acuarelas irisada:
tu mirada, el abismo y la nada.

Porque no te demoras en la vana,
ilusoria urgencia que se ufana,

nace la forma colma, abstraída
en el ilapso puro de tu huida.