Dos prados pálidos…

 

 

 

¿Con qué palabra o silencio se alcanza
a ese diminutivo de esperanza?

 

 

Dos prados pálidos y agua lustral
al mundo oponen dulce resistencia,
revela el labio, la risa silencia:
ella es el cauce; uno el litoral.

Cunde en torso sutil su alma tenaz,
propicia siempre al don, grávida entrega
de la lumbrera ebria con que ciega
la eterna guerra y su instantánêa paz.

Voluptuosas columnas encaraman
la tierna fábrica al aire gozoso:
cuando la copa en la que escancia inclina,

deletérêos licores se derraman,
pero la sed no sabe de reposo
y abrasando a la fuente se encamina.