De tu rostro aún propio y ya extraviado...

 

 

Epicedio – A un semblante enigmático en el ataúd.



De tu rostro aún propio y ya extraviado
los rasgos ciñe en fintas de sonrisa
una cifra resuelta al otro lado,
que esboza el enigma y lo exorciza,
presumida e irreal en el cuidado
de la suave distancia que desliza
entre las comisuras, casi en recta,
por la lívida boca circunspecta.