Arena viva, lava elocuente…

 

 

 

Arena viva, lava elocuente
se escurre en torso y brazos, se demora
en el leve suplicio de la hora
que esparce tu futuro en mi presente.

Licor que adula un yermo incandescente,
acuña el nombre un hiato de la aurora
en la umbría que abriga y enamora.
Alarde es del vacío que presiente,

del alud el preludio apical
con que el timbre, el color y la figura
se apresuran al vano que clausura

la distracción lujosa del raudal;
todo allí se concentra y se silencia
integrado a la sobria indiferencia.