Ícaro

 

 

 

¿Quién puede hacer tangible en la altura
la prisión de zafiro y esmeralda
con doble y leve fábrica en la espalda,
nombrado por el mar en que perdura?

Arde en la carne aún la quemadura
de la conciencia ciega, mancha gualda
del íntimo füego que te balda
en cinericia péñola, ola impura.

Tu vocación de ascenso y de vacío,
vástago de tectónico rigor,
impone al sueño un límite tardío:

no agraviarse de tierra, y por mor
de plenitud, ser flor cauta en el frío
y despojo baldío en el ardor.