Al conjuro de la quincuagésima edad [Variante 1]

 

 

a Sonia Mabel Yebara


 

Si el crujiente rubor del soplo amedrentado,
la amalgama del límite al polvo numeroso,
si la ablución sidérea del ala en el reposo
y el encaje rugiente de roca ante el enfado

repiten sinüosos los signos del legado,
si se extasía el ocio del vuelo en ese poso,
si parece absolver la forma el fuero espacioso
y en tácito arrebol suspender su voz el hado:

insiste, llama esbelta, tierra, ala, marejada,
que mientras el desvelo insinúa su demora
en número, en encaje, ablución arrebolada,

te defiende sufrir la concurrencia de la hora
y dirimir tu vana contienda con la nada,
que te sabe, y nutre, y niega y corrobora.