Geometrizando

 
 

En octubre de 1943 Piccoli deja Rosario para marchar a la Capital, la gran ciudad. “La visión se aclara”, dice, “me adentro en el problema del objeto y sujeto en función de pintura, la luz empieza a determinar el ordenamiento”. Son las primeras naturalezas muertas, los primeros paisajes estructurados. Es el paisaje suburbano y la campiña de Burzaco. Piccoli cita a Pitágoras: “la realidad es un número”. Comienza a viajar: la Patagonia, Misiones y el Noroeste, al par que continúa con las obras murales –figurativas– al fresco.

A partir de 1958, la pintura de Piccoli busca el que habría de ser su cauce definitivo. El encauzamiento se da como toma de conciencia de una verdad simple, primordial: “pintar, es dar vida con el color a un plano”. La equivalencia forma-acción, respetando aún el objeto en su apariencia exterior, utiliza la luz en función de estructura.

El proceso de depuración de la forma y el color iniciado en 1965 conducirá a la abstracción geométrica absoluta, al constructivismo pleno.

 
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